domingo, 26 de junio de 2011

La risa de las hienas'

Las hienas volvían a reír sin dramatizar la situación, en su mismísimo dolor intentaban dejar salir ese sentimiento de impotencia que les provocaba la primera escena de aquella obra, no les gustaba ser títeres mal hilados, no les gustaba ser igual a los demás, no les gustaba la basura. Pero esa impotencia tendría que terminar, cuando las máscaras de los antagonistas de esta obra fueran destrozadas y las mentiras puestas sobre la mesa. 
Los demás personajes hacían ver la situación en que las hienas estaban enredadas, como algo trágico y sin fin, pero en realidad esto no era más que una entretenida voltereta de la vida.
La obra siguió su transcurso normal, con muchas escenas melodramáticas creadas por directores payasos y unos cuantos actores malpagados, pero las malvadas hienas seguían de pie ante tanto alboroto, uno que otro acto las paralizó, pero eran difíciles de vencer. Ante tanta resistencia y poca destrucción, los fantasmas del pasado dejaron de interferir, los payasos del presente se cansaron y empezaron a huir, y las hienas dejaron los escudos de lado porque ya no había de quién defenderse, entonces ya no era impotencia la que sentían sino una sensación se satisfacción, después de todo, dejaron salir todo lo malo, riendo nuevamente, sin control.